Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa
Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa

El trabajo en España es una mierda II

Crónica de una MUERTE anunciada (o no)

El ERTE* tardará mucho tiempo… hasta mayo o junio. Esto va para largo. No podemos demostrar aún con cifras las pérdidas, por eso todavía no te pude mandar los papeles del ERTE.

Jefe mentiroso y cobarde, 1 de abril de 2020

*ERTE: Expediente de Regulación Temporal de Empleo: te vas al paro mientras dure la situación extraordinaria y, cuando ésta pase, vuelves a tu puesto con todos los derechos que tenías.

El 6 de abril alguien llamó al timbre y no abrí. No esperaba nada, y cuando nada espero, nunca abro. En seis días no iba a recibir los papeles del ERTE que mi jefe (exjefe sin saberlo todavía) me mandó, porque él me aseguró que tardarían al menos un mes.

El 13 de abril me preocupé por saber cómo iban las cosas en la empresa. No recibí respuesta.

El 14 de abril recibí un SMS con la baja de la seguridad social. ¿Me habían hecho ya el ERTE?

ERTE, ERTE…

Palabras de mi jefe (exjefe) retumbando en mi cabeza

Pero empecemos por el principio

Cuando el sábado 14 de marzo decretaron el confinamiento en España, no sabía cómo sería a partir del lunes la situación en el trabajo, así que le pregunté a mi jefe (en aquel entonces) qué iba a pasar: «¡Pues que nos vamos a morir todos! Aquí tendremos que seguir trabajando… somos un almacén y no nos podemos quedar en casa. Estamos pensando en hacer dos turnos. Lo discutiremos el lunes en una junta extraordinaria por peligro biológico. Pero sí que colocaremos un cartelito para que los clientes no nos roben el papel higiénico. Así que rézale a tu santo de confianza».

Aja.

Yo estaba preocupada por mi puesto, pues se estaban anunciando ERTES masivos, y ante la falta de comunicación que ya he experimentado en más de una ocasión en esta empresa, ahora resulta que de repente hay exceso de verborrea.

Como yo no me burlo de las cosas serias, de esta pandemia por ejemplo (a no ser que llegue al punto en que me invada la ira y logre transformarla en ironía), sea que esté arriba o abajo en una relación de poder, le contesté que la situación no está para hacer esas bromas, crea o no en el Coronavirus, y que me preocupa mi puesto. Finalmente me dijo que el lunes iban a tener esa reunión y que me quedara en casa.

Al día siguiente me escribió preguntándome si me apetecería pedirme dos semanas de vacaciones. Él y todos saben que exprimo hasta el último suspiro de mis vacaciones en visitar a mi novio en México, al cual solo puedo ver unos 20 días al año. Entiendo que él buscara su manera más oportuna de solucionar el problema… pero para mí esto es más que inoportuno y molesto, hasta descarado. Le expliqué lo de mi novio (que ya lo sabía) y le dije que no.

«Vale, pues entonces mañana te esperamos como siempre, ven en uno de los turnos. Te mando un justificante de desplazamiento.»

Mi trabajo (en aquel entonces) está en un pueblo a 50 km de donde vivo. Solo podía ir en autobús o en coche, pero yo no conduzco. Miré los horarios de buses y estaban todos cancelados. Se lo dije e incluso le mandé capturas de pantalla de la página web de los buses.

«Pues entonces que te lleve tu padre o te preste el coche.»

Vamos a ver… Acababan de prohibir a todo el mundo salir de sus ciudades, a no ser con justificante para ir a trabajar. Por otro lado, mi padre tiene 72 años, hace meses fue operado y le dieron radioterapia, y por lo tanto es más que población de riesgo. Lo del tratamiento y la edad de mi padre no lo tenía por qué saber mi jefe (en aquel entonces), aunque la edad se lo podía imaginar y que se prohibe salir lo debería de saber. Y que yo no conduzco ya lo he mencionado. Hace años que no lo hago. Me da pánico el volante.

Le propuse hacer teletrabajo y se negó. «No lo veo… Tendríamos que hablar de objetivos a realizar y es complicado…»

¿Eh?

Mi puesto en esta empresa era de diseñadora gráfica, por lo tanto solamente necesitaba un PC con los programas y conexión a internet. Me ofrecí para ir hasta la oficina de alguna manera (ya vería cómo) y recoger el ordenador para poder trabajar desde casa hasta que se normalizara la situación. Ellos me podían hacer firmar los papeles que quisieran (de confidencialidad de datos, de que me cedían el equipo durante este tiempo, etc.). Sin embargo, ya no recibí ninguna respuesta.

Todos los proyectos siempre me los mandaban bien vía WhatsApp, o por email y algunos planos me los daban impresos. Éstos perfectamente podrían enviarse en PDF y dar las mismas pautas por escrito, teléfono, o por vídeollamada. Con la tecnología existente no es complicado. Pero últimamente tampoco me los habían estado dando, ya que mi workalcoholic compañero (excompañero) en sus ratos libres, los cuales dedicaba a trabajar más y más, había aprendido a despojarme trabajólicamente de ellos. Unos con mucho burnout, otros con tanto boreout.

Vayamos aún más atrás en el tiempo

Por otro lado, si hablamos con respecto a los objetivos, tampoco existía ninguna complicación. Cuando una empresa contrata a alguien a quien no manda apenas trabajo, o manda hacer algo que jamás va a ser revisado, y aún así hacen a esa persona indefinida, no entiendo qué clase de gestión, finalidad, chanchullos o subenciones tiene.

Como es habitual al comenzar en un nuevo puesto, al principio me costó un tiempo adaptarme. Hacía años que no manejaba los programas de 3d, desde que había hecho mi [traumática] formación en Alemania, y tardé unas semanas en refrescarlo. Pero una vez arranqué, todo fluyó… por mi parte.

Durante meses estuve sin ningún proyecto. No me daban nada que hacer. En innumerables ocasiones me ofrecí con nuevas propuestas, pero no eran tenidas en cuenta, ni tan siquiera miradas. Me mandaban realizar un logotipo, hacía varios diseños, y nunca era revisado. Por email y en persona insistí durante semanas y meses en que mirase los bocetos y siempre me daba largas y ponía excusas. Volvía a insistir con que necesitaba su aprobación para poder continuar desarrollando el plan, y más largas. Lo mismo me ocurrió también con dos páginas web y con unos vinilos para fachadas. Como veía que estaba siendo un grano en el culo y muchas veces no sé calcular dónde está el límite entre ser una pesada y ser proactiva, me callaba un tiempo y volvía a decirle algo; pero todavía no, todavía no…

Así pasé meses INERTE en la oficina (oh, debí de haber visto las señales y las sincronicidades)… Llegaba al trabajo y, mientras todos mis compañeros iban y venían hasta arriba de quehaceres, yo me martirizaba ante el vacío de la pantalla. Es que yo era diseñadora gráfica y ellos tenían otros puestos muy distintos. Parece que realmente no se necesitaba diseñar nada en esta empresa. Todo funcionaba igual desde hacía 30 años. Y a pesar de esto, me hicieron fija.

¿Eh?

Como me sentía inútil durante una tercera parte de mi día, me puse a modelar lámparas y estancias en 3d para poder presentar los renders (fotografías finales en tres dimensiones) en las redes sociales. Se lo dije a mi jefe (exjefe) y le pareció bien (sin más). No le interesó mucho mientras seguía ocupado con sus cosas. Y así me pasaba las largas temporadas en las que no me mandaban hacer nada: visualizando muebles e interiores y subiendo algunos de los resultados en Facebook y Twitter. Los proyectos para los clientes por prudencia no los podía publicar, así que hice muchos más trabajos de los que se mostraron, y muchos trabajos a lo tonto, ya que a mi trabajólico compañero (excompañero) le urgía mandar los resultados; me mandaba hacer una escena, al final él decidía cambiar alguna parte en la que había invertido tiempo, por lo que se alargaba el plazo, y alguna vez ni siquiera me dijo nada, por lo que mi trabajo fue en vano con sus prisas. Hay quienes piensan que los muebles en 3d se producen en cadena.

Volviendo a marzo de 2020

Me ofrecí para realizar homeoffice cuatro veces. Solo me dio una vez una negativa; las restantes tres veces que le insistí, ya no me dio largas, como me solía hacer cuando estaba en la empresa, sino que directamente me ignoró. Me dijo que me quedara mientras en casa, que iba a hablar con su asesor.

Y pasaron días y no había ninguna noticia. Le escribí por WhatsApp y sin respuesta. Le mandé un email con el resumen de todas nuestras conversaciones y por fin me contestó al siguiente día: que estaban pensando en hacer un ERTE a parte de la plantilla, que yo siguiera, si quería, en casa y que ellos continuarían haciendo dos turnos. Esto me atufó a amenaza. A sutil e indirecta amenaza. Pero para entonces ya pocos salían a la calle y las cifras de contagios y muertes estaban en alza.

Miré una vez más los horarios de bus y había líneas, pero cambiaban a diario y no coincidían, a no ser que quisiera pernoctar en la oficina. Y aunque hubiese habido autobús en horario conveniente, ¿me habría arriesgado a viajar dos horas al día para permanecer cuatro o cinco horas en un lugar haciendo seguramente nada, en un mismo espacio donde ha estado más gente que se tomaba el Coronavirus a cachondeo y que seguramente no iba ni con mascarilla, ni con guantes? La idea del ERTE me pareció mejor, aunque era la cuarta vez que mi petición de teletrabajo era ignorada.

En ningún momento me negué a trabajar, sino a recorrer 50 km para ir a un puesto que podría realizar perfectamente desde casa sin poner a nadie en riesgo, ni a mí misma, además de que ni siquiera tenía cómo ir. Fueron ellos quienes me negaron trabajar. Y digo ellos, porque él finalmente, como ya había observado en alguna ocasión, se resguardaba bajo las faldas de alguien más…

Regreso al principio… del fin

Habían pasado semanas y seguía sin noticias. Le pregunté por WhatsApp si ya me habían mandado algún papel de la regulación del empleo y tuve respuesta.

El ERTE tardará mucho tiempo… hasta mayo o junio. Esto va para largo. No podemos demostrar aún con cifras las pérdidas, por eso todavía no te pude mandar los papeles del ERTE.

Jefe mentiroso y cobarde, 1 de abril de 2020

Para entonces, yo me había comprado un nuevo PC con una buena tarjeta gráfica y memoria, específico para manejar gran volumen de datos y hacer todo tipo de diseño gráfico y 3d. «Te vuelvo a proponer el teletrabajo, ya tengo ordenador, por lo que no me tendríais ni que prestar uno…» La quinta vez. De nuevo mutis por el foro.

Tras haber recibido la baja de la seguridad social el 14 de abril y al no haber tenido respuesta a los mensajes anteriores, le volví a escribir preguntando si esa baja era el ERTE. Y una vez más no me respondió, así que le importuné nuevamente pidiendo que por favor me dijera algo de mi situación. Los últimos WhatsApps a día de hoy me aparecen como no leídos.

El 15 de abril me mandó un email diciendo que les había llegado una notificación de que el burofax que me mandaron el 6 de abril no pudo ser entregado (cuando llamaron al timbre y no abrí por no esperar ningún papel hasta mayo o junio), que en este documento se indica mi situación.

Rápidamente le respondí que hasta que me vuelvan a enviar esa carta no me puedo quedar con la incertidumbre, que por favor me diga ya si es el ERTE o qué para por fin saber qué está ocurriendo después de semanas de silencio.

A la mañana siguiente tenía en mi email la carta en PDF.

Me quedé INERTE

Me desperté el 16 de abril con una vomita misiva en la que ponía, esta vez sin sutilezas, ni indirectas, ni ironías, ni bromas, ni ambigüedades, pero con lenguaje más refinado que el mío, lo que se viene traduciendo como que me habían mandado a la puta calle, o dado una patada en el culo.

MUERTE, MUERTE…

La verdad finalmente desvelada bombardeándome la cabeza una vez más

Me quedé en shock, esto es muy FUERTE. Sobre todo por el contenido de la carta:

  1. que proceden a mi despido disciplinario [que no ERTE]
  2. que he faltado injustificadamente [!?] a la empresa 11 días en total, del 18 de marzo hasta el 6 de abril inclusives
  3. que ellos me han insistido para que me incorporase a mi puesto [!!!!!?????]
  4. que yo no he justificado mis ausencias [!!!???]

Tales líneas no me causan más que estupefacción, asco y rabia, y no tanto porque me hayan echado a la calle y tenga una vez más que buscarme la vida, sino porque cada frase es una descarada mentira que intenta disimular la zorrería y la cobardía con la que han actuado.

  1. me han vendido durante semanas la milonga del ERTE
  2. no había autobuses, yo no conduzco, estábamos y seguimos en estado de alerta en toda España y me dijo que hablaría con su asesor y que me quedara mientras en casa
  3. ellos no me han contestado a los mensajes nada más que para decirme que iban a hacer ERTES a parte de la plantilla, que iba para largo y contara con él para mayo o junio, que me quedara en casa si quería, no me insistieron en ir
  4. repito, no tenía cómo ir hasta allá y el gobierno dice que nos quedemos en casa salvo servicios esenciales, dentro de los cuales no entra mi profesión de diseñadora gráfica
  5. no me han avisado en ningún momento de mis supuestas faltas injustificadas
  6. no han cumplido con el decreto que insta a que me faciliten el teletrabajo y ante mi ofrecimiento cinco veces fui denegada e ignorada
  7. me han hecho creer una mentira que por lo que veo ahora desde el principio no tenían contemplado hacer

¿Debí haberlo visto venir? Sí, debí… Pero aunque suene ingenua, no les creí capaces (también a ellos) de engañar así. Pero sí, esto es así…

This is Spain!!!

This is Spain, o lo que es lo mismo: S-pain; o lo que es vergonzonsamente lo mismo: esto es España, una gran nación, y los es-pañales muy es-pañales y mucho es-pañales. Andamos todos cagados de miedo. País donde donde dije digo, digo Diego, o como se diga. Nación donde todos nos quejamos de los políticos, pero actuamos con su misma falta de valores en cualquier relación de poder donde tengamos el rol dominante. Por ejemplo, cuando tenemos una empresa: mentimos, estafamos, abusamos, faltamos al respeto, etc. No hay valor de enfrentarse a esta inconciencia generalizada. Faltan agallas para denunciar las injusticias. Pero luego vamos de gallos criticando a los demás.

Aunque esta carencia de valores no solo es un problema es-pánico, sino uno mundial que tiene, estimando a la baja, el 95% de la humanidad, yo ahora me voy a centrar únicamente en mi concreta región del espaciotiempo, en mi experiencia actual.

Ya he vivido situaciones laborales donde el jefe era colérico y se tiraba pedos y eructos a diario en la oficina, otras veces charlatán y liante, donde no pagaban (esto me ocurrió en dos sitios y en tres no porque me largué a los dos días). En esta empresa donde me acaban de despedir estaba muy contenta porque no me pasaba lo mismo. Aquí se respiraba calma por parte de los jefes (parsimonia y dejadez aparente, más bien) y me pagaban puntual a finales de cada mes un sueldo que, para ser España, estaba bien. Por eso me confié y no creí que fueran a hacer alguna putada como había experimentado en otros sitios.

Pero al final son gente. Y la gente no tiene escrúpulos. La gente está dominada por sus egos y la conciencia ni la contempla. Yo no soy Buda, ni Jesucristo, tengo unos egos bien gordos como el de la rabia, y aunque me justifique con que explayo toda esta situación porque es injusta y quiero que se sepa, lo cual es completamente cierto, la verdad también es que al final me domina la furia en esta regurgitada entrada de blog. Escribir esto sirve para descargarme. Da placer cómo la ira se transmuta en ironía y cómo ésta da vueltas y vuela y me hace hasta reír… Me siento realizada y vengada, un poquito.

Pero hay que ser congruentes y lo que no voy a hacer es ser una falsa, ni una mentirosa, ni jugar con las personas, como han hecho conmigo. Publico ese post porque estoy harta y enfadada y no han sido justos, aunque se amparen en no sé qué artículo del convenio de los chatarreros. Su mentira apesta y su cinismo también. Quiero dejar constancia de cómo han sido realmente las cosas y tengo mensajes suficientes para demostrarlo. Y luego, una vez más, pasar página.

Y como hay que ser congruentes con todo de lo que se es consciente, con las mentiras que detesto y con las dobles intenciones y guarradas que tanto odio, también quiero dejar por aquí constancia de que he hecho mi trabajo lo mejor que he podido y de que he sido lo mejor empleada que he podido. Pero si he trabajado en una empresa no ha sido por amor al arte; lo que yo amo es la literatura. El diseño gráfico lo estudié como herramienta para complementar y dar a conocer mi escritura. Si he trabajado en alguna empresa ha sido por el mero dinero. Ni más, ni menos. Lo siento mucho, pero jamás me he sentido identificada con ninguna. Y ahora, después de esto, menos.

He sido totalmente sincera. Que se espante quien se tenga que espantar y se acerque quien tenga que estar. Quiero vibrar en mi más pura verdad y no volver a ponerme una máscara social.