Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa
Soy filósofa de mi propia existencia, es decir, poetisa

Cuatro semanas laberinto

Justo ahora hace una vuelta de luna Arcki se fue. Me esperó para irse. La primera que nació, la primera que murió. Era demasiado noble para este mundo. Altamente sensible y demasiado inocente como para saber que un puto herbicida le resultaría letal. Ojalá hubiera sabido que llevaba el mal a casa escondido en una bonita y envenenada planta. Tenía la mirada más pura que he visto. Ella era mi angelito. Ahora es mi angelito en la otra dimensión. Aunque la siento muy cerca, la echo mucho de menos.

Ella aún sigue ahí y se manifiesta en mis sueños. Aunque no me la pueda traer de vuelta a este otro sueño de la razón.

Has transcurrido milésimas de segundo y yo semanas,
aún no te has recuperado del dolor y espasmo,
ni yo de esperanza,
no has terminado del último ultraquejido
que mis oídos de ave reverberan al aire,
aún sigues en posición fetal,
como cuando brotaste de la madre
y me adoptaste como madre,
aún te encuentro en el pequeño feto
en mis madrugadas,
la vida parpadea mientras revuelves el polvo que ahoga,
mientras pestañeas por vibrar una vez más
y reagrupar cada átomo de luz
y dar a luz el sueño de despertar para descansar,
un rayo en remanso
que nos dé paz a ambas.

En el laberinto transparente para encontrar a la invisible Arcki

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